Semillero Estudios de Literatura y Periodismo

Grupo de estudio sobre temas relacionados con la prensa y la literatura en el período de 1890 a 1920 en Colombia e Hispanoamérica. Avalado por el Grupo de Investigación Colombia: tradiciones de la palabra, de la Universidad de Antioquia.

Plan de trabajo para el año 2012

Coordinación del Semillero. Leandro Garzón Agudelo

El presente año, el trabajo del semillero estará orientado a la caracterización socio-cultural del período histórico que se ha elegido como objeto de estudio, en la línea que se venía haciendo el año anterior. Desde esta perspectiva, se continuará con el acercamiento a la historia del periodismo en Colombia e Hispanoamérica en su relación con la historia de la cultura y de la literatura.

Serán objeto de nuestra reflexión fenómenos como:

  • La incursión de la literatura en el mercado de bienes culturales.
  • La profesionalización de los escritores.
  • El surgimiento de la crítica y la figura del crítico.
  • La posible emergencia de un campo literario.

Metodología:

Los participantes se reunirán cada quince días durante dos horas. Lugar: cubículo de la sala patrimonial, cuarto piso de la biblioteca central. Hora: 11 h a 13h.

Traerán lecturas preparadas para cada sesión.

Cada sesión estará a cargo de un participante del semillero que traerá un texto preparado[1] en el que sintetice el contenido del material asignado y problematice conceptos y planteamientos de interés para el grupo de estudio, a partir de preguntas de discusión o ejemplos aplicados a casos específicos. Si no hay texto preparado, se cancelará la sesión.

El texto de cada sesión será publicado en el blog del semillero estudioslyp.tumblr.com con la autoría del participante responsable de la sesión.

En junio de 2012 cada integrante del grupo tendrá identificado un problema de estudio en el marco del tema central del semillero, sobre el que comenzará un trabajo de investigación. Los estudiantes que ya tienen identificado su problema de investigación continuarán con el proceso desde el primer semestre de este año.

La inasistencia a alguna sesión deberá ser informada con tiempo o ser justificada.

Resultados esperados para este año:

Presentación de dos notas o artículos a revistas nacionales.

Participación en calidad de ponentes en eventos académicos nacionales.

Publicación de reseñas en el Sistema de Información de la Literatura Colombiana.

Presentación del semillero en el Seminario de actualización teórica y metodológica del grupo de investigación Colombia: tradiciones de la palabra.


[1] El texto debe aplicar las normas de presentación, citación y bibliografía  tal y como se indica en el manual de estilo de la Revista Lingüística y Literatura de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia. El manual aparece en la parte final de cada número de la publicación.

“El periodismo y la prensa a finales del siglo XVIII y principios del XIX en Colombia”. Comentarios acerca del capítulo del libro La ilustración en el Virreinato de la Nueva Granada. Estudios de Historia Social, de Renán Silva (2005).

Por: Integrantes del Semillero

Sobre las perspectiva historiográficas, la sociedades humanas y formas de comunicación.

Los efectos de la reestructuración que trajeron las nuevas ideas de los conquistadores a las sociedades aborígenes de América radicalizaron los órdenes de poder de manera radical, imponiendo formas de ver el mundo que antes la gente nativa desconocía por completo; entre ellas, la más importante para el tema a tratar, es la escritura, fenómeno nuevo para ellos, puesto que en aquel tiempo los conocimientos de sus antecesores se conservaban por medio de la memoria colectiva y la oralidad, así que la inclusión de la escritura alteró estos modos de conservación y sobre todo la manera de relacionarse entre el  pueblo y el Estado, pues la escritura representaba poder.

Las formas de circulación de la información eran dos: por medio de las costas, pues estas permitían ese intercambio con la gente que llegaba del exterior y, entre los caminantes a manera de rumor, cuyos temas principales eran la difamación de los acontecimientos del territorio y del momento.

Los contenidos de las publicaciones de aquellos días, las cuales no eran más que pequeñas hojas no periódicas, eran tres: los fenómenos naturales, la política y la religión. También, aparecieron formas como panfletos, libelos y pasquines que se encargaban de hacer circular rumores sobre la vida de la gente, pero es importante señalar que era otro mecanismo de escritura que se movilizaba por el lado de la correspondencia, aparte de la imprenta.

El contenido de los comunicados escritos se controlaba, es decir, solo podían publicarse temáticas religiosas que se hicieran valer como sagradas y temáticas políticas cuyo contenido no amenazara el régimen colonial. Fue la burocracia ilustrada la que comenzó a trasgredir estas restricciones impuestas por el estado a las publicaciones.

Prensa, periodismo e ilustración.

Los periódicos Papel periódico de Santafé de Bogotá (1791-1796), Correo Curioso (1801), Semanario del Nuevo Reino de Granada (1808-1810), Diario político de Santafé de Bogotá (1810), fueron publicaciones con el ánimo de producir contenido, en parte de carácter intelectual, para toda la comunidad santafereña, y de construir un nuevo orden social.

La importancia de la influencia de los círculos literatos en la región, condujo al afán por la formación de opiniones libres, así, el pensamiento ilustrado, solo se dio en una pequeña élite de funcionarios, académicos, estudiantes, clérigos y algunos comerciantes, y muchos de los habitantes permanecieron apartados del fenómeno social que surgía. Los impedimentos de opinión pública se debían al control de las ideas por parte del régimen y la mentalidad rutinaria de la sociedad, que no le encontraba sentido alguno a esta nueva actividad de inteligencia.

La censura a quienes criticaban cualquier forma de vida (costumbres, educación, política), en cuanto al Papel periódico, se hacía con el fin de evitar cualquier enfrentamiento; en cambio, en el Semanario,  su director fue más abierto contra sus atacantes, lo que quiere decir que las publicaciones en el periódico fueron más polémicas. El poco interés de sus reducidos suscriptores, se debía a los temas “fuera del alcance de lo común” en el contenido de sus publicaciones, razón que lleva al cierre de estos o a hacer un replanteamiento  del sistema de entregas, pasando de ser folletines a las llamadas “memorias” o cuadernillos.

                      

Prensa, periodismo y coyuntura revolucionaria

En este apartado, Renán Silva plantea que es la época revolucionaria (es decir, a partir de 1808, cuando pierde el trono el soberano español) la que da origen al fenómeno de la libertad de imprenta. La libertad de imprenta y la crítica que posibilitó desembocó en una modificación esencial de la esfera de la comunicación: ya no se trataba de obedecer a lo que se escribía (generalmente mandatos del rey), sino de someter aquello sobre lo que se informaba al debate racional. Esto tiene implicaciones en la formación de la opinión pública, entendida como “aquella que se basa en la expresión libre del juicio de los individuos, ahora considerados como ciudadanos y no como vasallos” (Silva, 2005: 142).

La importancia de la formación de la opinión pública en la época (1808-1820) se evidencia en la “guerra de opinión” que se dio durante los procesos de independencia, cuando imprentas e imprentillas ocuparon el lugar de objetos preciados. La transmisión oral o la lectura colectiva eran otras formas de manifestación de la opinión pública, aparte de la lectura individual, hablaban de lo que se publicaba, muy diferente a lo que actualmente se conoce como noticia: “la exposición de doctrinas, la crítica del pasado, el examen de los acontecimientos políticos presentes y la exposición de utopías sociales” (Silva, 2005: 146).

Tanto el fenómeno de la formación de una opinión pública como el carácter mercantil que está ligado al surgimiento de la prensa en Colombia tienen especial relevancia para los objetos de estudio de nuestro semillero de investigación. La formación de una opinión pública está ligada a un fenómeno que se desarrolla en el período que estudiamos (1890-1920), a saber: la formación del campo literario en Colombia. En esa misma línea, debemos observar el carácter comercial de la prensa y sus implicaciones en la creación y recepción de la literatura en el período final del siglo XIX, aspecto que está relacionado con el proceso de profesionalización de los escritores y el ingreso de la literatura en el mercado de bienes culturales.

Es importante reconocer lo apropiado de las pesquisas realizadas por Silva, enmarcadas en el fenómeno propio de nuestra sociedad ancestral determinada por los fenómenos de oralidad, entendiendo que es imposible fijar una perspectiva en el desarrollo de la prensa o del periodismo sin posar los ojos en las tradiciones de propagación que la palabra hace desde hace varios  siglos a través de pregoneros y lectores que a voz viva difunden lo que habríamos de asumir entre comillas como noticias.

El fenómeno desconcertante de la producción de textos bajo las más variadas problemáticas, incluyendo: audiencia poco cualificada para los procesos de  lectura, extenuantes peripecias en los procesos de impresión y edición, dadas las precarias condiciones y los insumos presentes durante el periodo en cuestión, nos entregan discusiones abiertas acerca de los orígenes más bien inciertos de una cultura periodística en medio de un contexto que no acogió la producción escrita como una prioridad,  y como un medio de propagación cultural o un hábito de las mayorías.

“Las ciudades burguesas” (Reseña)

Por: Juan David Vélez

“Las ciudades burguesas” ocupa el sexto capítulo del libro Latinoamérica: las ciudades y las ideas, de José Luis Romero, que presenta el panorama de algunas ciudades que hacia la fecha de 1880 en Latinoamérica comienzan a experimentar cambios culturales, fisionómicos, políticos y económicos.

Para comprender el capítulo se debe percibir cómo la expansión económica que en el año de 1880 se incentivó en los focos productivos de las poblaciones que podían brindar materias primas a Norteamérica y Europa —grandes en su capacidad técnica de producción, necesitada sin embargo de materias primas para sostener al gran número de gente que allí trabajaba— estímulo el interés sobre estas regiones privilegiadas; así, sectores como puertos o de gran capacidad productora comenzaron a sobresalir como lugares de posibilidad para todas las capas sociales que paulatina o frenéticamente llegaban a estas poblaciones. De esta manera, las grandes ciudades obtuvieron su principal recurso para convertirse con el paso del tiempo en los ejes de las naciones que se construían, decimos pues: obtuvieron una aglomeración de gente en sus calles.

Sin embargo, para entender cómo el aspecto cultural se desarrolló en estas ciudades es indispensable considerar cómo los nuevos parámetros económicos movilizaron los sistemas políticos del patriciado a las denominadas nuevas burguesías; según Romero el flujo de gente fracturó de manera insoldable la estructura y fuerza del patriciado, todo ello por abrirse oportunidades antes imposibles que nuevos grupos fuera del patriciado tradicional podían aprovechar consiguiendo con ello mejores ganancias. Así pues, un comercio en constante movimiento más vivo y con mayor cobertura aprovechable brindó una salida a los cánones establecidos por los apellidos; por consiguiente la denotación de nueva burguesía corresponde a toda las personas que aprovechando una oportunidad se granjearon un nuevo puesto social. Es así como esta ruleta de las oportunidades que brindaban las ciudades de gran movimiento económico permitió a la gente pensar en el ascenso social, definido como la capacidad de escalar mesurada o rápidamente las capas sociales, antes infranqueables. Pero estos grandes niveles de enriquecimiento tuvieron un resultado estético en las apariencias de las ciudades; estas al ser focalizadas por toda clase de gente y principalmente por personas que en un intento por demostrar su cercanía a las tendencias más refinadas —imaginariamente pensadas como las Europeas— comenzaron a imitar su arquitectura, experimentaron un fenómeno que dio como resultado un cambio en la fisionomía de los entornos citadinos, tomando así patrones interpretados de la arquitectura presentes al otro extremo del mar. Este carácter imitativo caló no solo en lo correspondiente a los parámetros arquitectónicos de Europa.

Las nuevas burguesías al desconocerse como un grupo hegemónico determinado por alguna tradición como anteriormente ocurría en el patriciado, necesitaban de algo que los distanciara de su anterior estado social más bajo y los vinculara a la capa social que antes pertenecía al patriciado con su sistema de valores establecido. Por eso, acogieron fácilmente y de manera exagerada los modelos culturales Europeos; por lo tanto, la nueva burguesía en un intento por conseguir una identidad se insertó en una coja imitación de las maneras de vivir Europeas. En este panorama, el ascenso social presentó en su tiempo la pugna por el poder ¿Quién debía obtener el gobierno en un mundo donde todos de alguna manera podían ascender rápidamente? Esta pregunta en el tiempo en que estas ciudades ya habían creado la nueva burguesía, se traducía en una pugna por el poder legislativo, en la que una persona representaba un grupo de gente reunida por ciertas ideas comunes. Tal persona, al obtener el gobierno imponía los decretos de su respectivo grupo en beneficio de este, en dicho momento el pueblo ya como ente con palabra medianamente recuperada por la caída de los patriciados, fue reconocido como fuerza haciéndose notar en la medida que, lugares que fueron construidos para las altas clases sociales, la ciudad en sí misma, pasaron a ser el espacio de aquella capa social, retrayendo poco a poco a las nuevas y viejas burguesías a espacios más selectos fuera de capas menos altivas. Podemos afirmar así que aspectos culturales, fisionómicos y políticos, sintetizan el sexto capítulo del trabajo de José Luis Romero, todos estos fueron posibles solo gracias al movimiento que por medio de lo económico comienza su arduo trasegar hacia nuevas perspectivas en las que el hombre reconoce su lugar.

Para el semillero de investigación, la lectura de “Las ciudades burguesas”, presenta el panorama desde el cual se tiene una lectura detallada del período estudiado —1890-1920— observando cómo estos cambios de perspectiva incentivan una nueva interpretación de lo que por hombre se tiene; es decir: que el sujeto está ya separado de cadenas que lo atan estrechamente a los patrones sociales obstinadamente de una sola forma y cambia a una interpretación en la que el hombre está en una posibilidad de verse como un sujeto expresamente arrojado al mundo para construir su futuro, lo que permite una aparición mucho más cercana a valores literarios que son un valor de indiscutible carácter analizable.

Acerca de las diferencias que existen entre las figuras de la inteligencia y el intelectual, denotando sus principales características y sus aspectos sociales

Por Juan David Vélez Valle

Por inteligencia se entiende: los creadores de existencias o haberes de la cultura representativa, la inteligencia es la encargada de  crear un conocimiento de índole cultural, no siendo un aspecto de toda persona sino de un grupo de personas que como inteligencia se encargan de esta creación; por intelectual  se entiende: los que realizan trabajo inmaterial, los formados espiritualmente, que son las personas que gracias a su carácter particular son capaces de trabajar con estos haberes culturales.

De tal suerte que los que crean cultura (inteligencia) lo hacen no a partir del trabajo inmaterial (intelectual) sino a partir de creación de los cimientos que  son los materiales con los que cuenta una sociedad para presentar su patrimonio; mientras que la inteligencia cumple el deber de ejecutar estas formas materiales en forma inmaterial; es decir: el intelectual se asegura que dichos haberes no se olviden haciendo posible que estos saberes encuentren un para qué.

De allí el carácter social de ambas partes, se diferencia: el primero (inteligencia) se acerca a lo social modificándolo, se encuentra en su alrededor para incorporar una creación; el intelectual por su parte se aparta de lo social relacionándose simplemente con estos haberes ya formados para consolidarlos en su trabajo espiritual.

En el contexto histórico que Gutiérrez Girardot presenta: el romanticismo alemán y la figura de la inteligencia, por otro lado el intelectual en España ¿Cómo entender las figuras presentes allí si se piensa en la definición que de estos se tiene y al mismo tiempo en la igualación de sus funciones?

En primera instancia el rechazo que hubo en Alemania hacia el personaje de la inteligencia por el hecho de encerrarse en su mundo de creaciones, dejando por fuera a las grandes masas de estos haberes. Este rechazo se agudizó hasta la pérdida de posición social, quedando así la inteligencia inserta en una posición oscilante, donde su pluma es vendida al mejor postor y con regularidad al estado, que paga para que estos escriban a favor de los pies de lucha de las ideas a su servicio.

Este nuevo lugar de la inteligencia es igualado por el autor al intelectual en España nivelando las funciones que ambos cumplían, es así como al intelectual en España le correspondía un lugar fuera de los fenómenos culturales relevantes, encargados desde allí en adelante de abogar por ideas de otros, no son los idealistas creadores de su propio mundo;  siendo sin embargo, primordial en ellos el hecho de intentar seguir desde su rincón su vena espiritual, lugar desde donde aparece la figura del bohemio.

La inteligencia, la bohemia, las utopías.

Por Catalina Ángel Madrid

Respecto del capítulo III de Modernismo. Presupuestos históricos y culturales, de Rafael Gutiérrez Girardot.

El surgimiento de esa “verdadera bohemia” ¿Implicó la desaparición de qué fenómenos sociales pertenecientes a la Inglaterra romántica?, ¿Qué importancia tuvieron los cafés para los intelectuales?, ¿Podría decirse que hay dos tipos de intelectual bohemio? ¿por qué? ¿Cuáles son sus diferencias?

Un rasgo sobresaliente en esa consolidación del intelectual, era el de la bohemia, originado en Francia a mediados del siglo XIX. Según Henri Murger, quien plantea claramente ese rasgo: “todo hombre que entra en las artes sin otro medio de existencia que el arte mismo tendría que pasar por los senderos de la bohemia”. A la anterior caracterización se le daba el nombre de verdadera bohemia en la que se le presentaban dos problemas principales al intelectual de la época: la miseria y la duda. Su surgimiento implicó la desaparición de “las formas tradicionales de mecenazgo literario, la estabilización triunfante de la clase media burguesa como clase dominante  tanto política como ideológicamente, el advenimiento de la técnica y la industrialización, la democratización de la vida literaria en la ciudades, el desempleo de los ‘intelectuales’, y además el ennuni, la teoría del genio personal y la tensión entre los escritores y sociedad y el Estado” (César Graña. Modernity and its Discontentes, Harper Torchbooks, Nueva York, 1967, pp. XV ss., especialmente pp.37 ss. Y 157 ss).

Para la sociedad burguesa, bohemio y poeta fueron lo mismo, puesto que los poetas también vivían en sus extravagancias, consideradas como tal por la sociedad. El reconocimiento del bohemio intelectual como literato, al igual que el público, seguidores y contactos,  lo hallaban en los cafés, donde solían reunirse, para escapar de la sociedad y lo que ella les negaba. Los cafés, eran espacios exclusivos para el bohemio intelectual y lo literario.

Baroja, en su ‘Bohemia Madrileña’ expuso una descripción de ellos, en la que planteaba que quienes siguieron adelante con esa estilo de vida fue una minoría fuerte, que se aventuró a la miseria y al abandono, y quienes no tomaron ese riesgo, quedaron a un lado del camino, sin embargo, en todos aquellos hombres, sentía una desesperación social e individual, que despertaba una intensa piedad hacia ellos.

Este estilo de vida y características de los bohemios, sobresalía lo teatral y bufonesco, el refinamiento por el gusto artístico, pero lo que más se destacaba era la “compasión y humanidad, indignación resignada y esperanza”.